Tornare. Titolo secco e pieno di evocazioni per il nuovo film di Almodòvar.

Volver è il film di uno che sa narrare. Sarà per questo che stare seduta al cinema, resistendo all'attrazione del sole sfacciato della primavera di Roma, m'è sembrata un'occasione da non perdere. Sarà per questo che, alla fine del film la sala ha applaudito... Contentezza? Consapevolezza di aver seguito una storia in cui surreale e razionale si confondono e si armonizzano?
Nei film di Almodòvar c'è sempre tanto, un "tanto" così sincero e ricco di spunti che anche l'eccesso e il grottesco prende la sua misura (come accade in "Tutto su mia madre", per esempio). Nei film di Almodòvar c'è il gusto della narrazione e la sua impronta d'autore la lascia attraverso i fili intrecciati della trama, senza noiose autocelebrazioni (come accade, invece, con parecchi registi italiani).
Così, in Volver si segue un intreccio, ci si affeziona ai personaggi, si ride, si "piange" un po', si prende parte a quel che accade, si aspetta la sorpresa (che inevitabilmente arriva). Almodòvar scrive i suoi film con l'affetto e la fantasia del narratore. Il racconto si fa, se possibile, più forte anche attraverso il commento delle musiche e il peso delle canzoni. C'è un momento speciale nel film, una sorta di "giro di boa" della narrazione, in cui Raimundita (Penelope Cruz) canta Volver, un bellissimo tango di Carlos Gardel.
Ecco le parole, che hanno un ritmo e un "peso" speciale:
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso
siempre se vuelve
al primer amor.
La vieja calle
donde me cobijo
tuya es su vida
tuyo es su querer.
Bajo el burlón
mirar de las estrellas
que con indiferencia
hoy me ven volver.
Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar.
Y aunque el olvido
que todo destruye
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón.
Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
Nei film di Almodòvar c'è sempre tanto, un "tanto" così sincero e ricco di spunti che anche l'eccesso e il grottesco prende la sua misura (come accade in "Tutto su mia madre", per esempio). Nei film di Almodòvar c'è il gusto della narrazione e la sua impronta d'autore la lascia attraverso i fili intrecciati della trama, senza noiose autocelebrazioni (come accade, invece, con parecchi registi italiani).

Così, in Volver si segue un intreccio, ci si affeziona ai personaggi, si ride, si "piange" un po', si prende parte a quel che accade, si aspetta la sorpresa (che inevitabilmente arriva). Almodòvar scrive i suoi film con l'affetto e la fantasia del narratore. Il racconto si fa, se possibile, più forte anche attraverso il commento delle musiche e il peso delle canzoni. C'è un momento speciale nel film, una sorta di "giro di boa" della narrazione, in cui Raimundita (Penelope Cruz) canta Volver, un bellissimo tango di Carlos Gardel.

Ecco le parole, che hanno un ritmo e un "peso" speciale:
Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.
Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolor.
Y aunque no quise el regreso
siempre se vuelve
al primer amor.
La vieja calle
donde me cobijo
tuya es su vida
tuyo es su querer.
Bajo el burlón
mirar de las estrellas
que con indiferencia
hoy me ven volver.
Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida.
Tengo miedo de las noches
que pobladas de recuerdos
encadenen mi soñar.
Pero el viajero que huye
tarde o temprano
detiene su andar.
Y aunque el olvido
que todo destruye
haya matado mi vieja ilusión,
guardo escondida
una esperanza humilde
que es toda la fortuna
de mi corazón.
Volver
con la frente marchita
las nieves del tiempo
platearon mi sien.
Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada
que febril la mirada
errante en las sombras
te busca y te nombra.
Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.
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